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Cargado de amor y de conocimientos
Estoy convencido que la vida del bebé tiene mayor significado si les acompaña un mundo lleno de sensaciones. Los colores le serán más intensos, los sonidos serán notas de ternura, los olores más sutiles, los alimentos tendrán un sabor infinito y la textura será más refinada. La apertura de los sentidos y la capacidad de provocar un estado de receptividad sensitiva que provoca la activación de los sentidos tales como el tacto, el olfato, el gusto, la audición y la visión es un proceso centrado en el desarrollo integral que va desde la etapa fetal hasta la vida postnatal.
Las lecturas más actuales de los últimos tiempos hacen referencias a los avances  relacionados con la vida “in útero” y la vida postnatal.  Fue  en la década de los setenta cuando comenzamos a conocer  diversos estudios relacionados con el desarrollo intrauterino del feto, las que posibilitaron una nueva visión en torno a la comprensión de la vida. Comenzó entonces el florecimiento de un nuevo  paradigma sustentado en la historia de los nueve meses de vida intrauterina, donde las corrientes  psicológicas, psicoanalistas y clínicas de gran parte del mundo propusieron la toma de  conciencia y la importancia del momento del nacimiento y de su acogida y su repercusión en la psiquis del nuevo ser.

Dentro de los grandes criterios investigativos supimos que al menos un  90% de nuestros miedos se instalan en nosotros en el momento de nuestro nacimiento y condicionan  en gran medida nuestro comportamiento en la vida infantil, en la adolescencia  y en la adultez. Por otro lado  y de manera orgánica el bebé está equipado con un mecanismo muscular mínimo con el que realiza sus actos reflejos y que le permite mantener el funcionamiento de sus órganos, aunque se evidencia inmadurez en el sistema nervioso central.

La vida feta. Donde la noche uterina ya no es un espacio de silencios.

El primer psicólogo que nos habló de “experiencias embrionarias” fue Carl G. Jung. Desde sus planteamientos  hasta la actualidad se han explorado cada vez más las aptitudes sensoriales del feto y del recién nacido. Según las observaciones científicas, el feto percibe informaciones a través de todos sus sentidos, reacciona ante ellas y las memoriza. Estas percepciones estimulan y afinan el desarrollo de sus órganos sensoriales y del cerebro.

Hasta hace poco, podíamos tener creencias de que los bebés en el útero no tienen suficiente cerebro para conocer las cosas, que no tienen memoria, ni conciencia de lo que viven y por lo tanto no pueden tener ninguna experiencia, Actualmente conocemos  que a los tres meses de vida embrionaria, los órganos de los sentidos y los correspondientes centros cerebrales ya están formados. Durante los seis meses siguientes estos órganos y centros se especializan en la que la calidad y la intensidad de los estímulos recibidos marcan la naturaleza de su función.

El cerebro. Centro de vida humana.

Mientras el corazón late antes de nacer, y  todos  los demás sistemas vegetativos están preparados para funcionar en el momento que se produzca una separación de la madre, en cuanto se corta el cordón umbilical, al cerebro no le ocurre lo mismo. El cerebro se desarrolla gracias a dos poderosos determinantes: las órdenes dormidas de los genes y los impulsos codificados que le proporciona el medio ambiente y que activan los sentidos.

Progresivamente gracias a estos dos factores, las funciones cerebrales se van desarrollando y la riqueza emocional e intelectual va en aumento también. Los neurofisiólogos conceden cada día mayor atención al crecimiento de las neuronas, a la formación de nuevas células, a la mayor riqueza en prolongaciones neuronales y a las complejas reacciones bioquímicas y bioeléctricas que tiene lugar con singular intensidad en las primeras semanas y meses de existencia.
Comenzaré por revelar que el cerebro puede ser moldeado por las experiencias embrionarias y post natales. Las células nerviosas establecen constantemente nuevas conexiones a medida que recibe estímulos sensoriales y le permite al cerebro adiestrarse más fácilmente y de manera automática. Las células nerviosas del cerebro se autorganizan cuando se han  entrenado suficientemente mediante el contacto repetido con un estímulo concreto y son capaces de ajustarse a las percepciones.

Vida auditiva fetal.

Un equipo de médicos franceses evaluó qué sonidos recibía el bebé en el útero. Colocaron pequeños micrófonos en el útero de algunas madres que participaron en el experimento, y captaron ruidos digestivos, los sonidos de los latidos del corazón, y los ruidos de la respiración, así como también la voz de la madre. Los científicos captaron también la voz del padre, y la de algunas personas que hablaban cerca de la madre y  descubrieron que si la madre escuchaba música, esta música también le llegaba al bebé.

No obstante los sonidos y los ruidos pasan amortiguados por la pared abdominal Los sonidos se transmiten al feto, principalmente a través del sistema auditivo de la madre y de su sistema óseo: cráneo, columna vertebral, que actúa como un puente vibrante entre madre e hijo, que por la posición fetal vibra entre la laringe y la pelvis,  constituyendo el primer vínculo relacionado con los aprendizajes tempranos a través de las vibraciones sensoperceptuales, y lo que hemos llamado vínculo a través del conducto maternal.

Desde mi perspectiva investigativa considero que el bebé no posee ninguna imagen del mundo, ni ningún estímulo que le haya llegado por vía de los sentidos que pueda reconocer como una señal, por lo tanto, los estímulos que chocan con su aparato sensorial carece en absoluto de significado para él. Es cierto que el percibe información intrauterina como por ejemplo, percibe luz, percibe ruidos, pero cada uno de estos estímulos deberán ser transformado, primero en una experiencia significativa y  sólo después se puede convertir en una señal, a la que se irán añadiendo otras muchas señales para completar una imagen coherente del mundo circundante.

¿Cómo conseguir abrir el cauce hacia la luz, la conciencia y la interacción afectiva?

Para lograr la gestación psíquica fuera del útero, el recién nacido necesita auxilio para la cobertura de lo que son necesidades básicas a su desarrollo psíquico constituida por elementos de alimentación, apego, apoyo, calor y satisfacciones sensoriales.

Tras la separación del parto, tanto la madre como el bebe se necesitan mutuamente. Su estado diferenciado físicamente al cortar el cordón umbilical no es todavía un estado diferenciado psicológicamente, y ambos necesitan un tiempo de permanecer en estado de contigüidad.

Muchos especialistas han puntualizado la importancia que tiene el buen establecimiento de la simbiosis madre-bebe, enlazados ambos piel a piel para  el niño aprenda a integrar el amor. El hecho de esta contigüidad es la única manera que una madre tiene para comunicar sus afectos  al hijo. Sostenemos que cuanto mejor tejida esté la  simbiosis madre-bebé más fácil será para el niño su posterior preparación e independencia y, por lo tanto, mayor su satisfacción y felicidad futura.

En el niño que se está formando en el seno de su madre se experimentan reflejos de succión, deglución, y una variada motricidad. Si el bebé recibe estímulos sensoriales y emocionales, a través del vínculo materno reaccionará con movimientos los que a su ves modificarán sus latidos cardíacos  e incluso podemos asegurar que el bebé ríe y reacciona al dolor antes del nacimiento.

Consideraciones importantes.

•    En el feto las facultades propias incluidas el potencial genético de manera natural y dinámica, utiliza tres procesos claves: la impregnación, la imitación y la experimentación.

•    El feto percibe las   informaciones a través de todos sus sentidos, reacciona ante ellas y las memoriza. Estas percepciones estimulan y afinan el desarrollo de sus órganos sensoriales y del cerebro.

•    El orden de los sistemas sensoriales del bebé se dan como en los mamíferos: tacto, olfato, gusto, audición y vista.

•    El cerebro del bebé  es un ecosistema, es allí donde se elaboran competencias neuronales y redes que se encargan de la recepción de estímulos. La no percepción de los estímulos auditivos, visuales o táctiles puede perjudicar el desarrollo normal del cerebro.

•    Cada estímulo sensorial provoca nuevas experiencias y se hace presente en la asamblea neuronal. Lo que recibe el niño desde fuera conforma la manera en que experimentamos lo que recibimos.

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Estimulación Prenatal, Una Necesidad Actual